Derechos humanos, ¿y si contamos un cuento? - Blog Educación en valores e innovación

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En el blog intento reflejar tanto los aspectos más teóricos sobre la temática del mismo, pero sobre todo las propuestas de acción para trabajar y abordar la diversidad, la integración y el tratamiento de la interculturalidad. Temas que están todos presentes en nuestras aulas, y nos presentan grandes desafíos en el proceso de educar y aprender.

Derechos humanos, ¿y si contamos un cuento?

Derechos humanos, ¿y si contamos un cuento?

 

Leyendo sobre posibles actividades, dado que es un tema muy complejo para trabajar en los primeros niveles educativos, como Infantil y Primaria, encontré un documento llamado “Drets humans al carrer”  (Derechos humanos en la calle) Cuentos infantiles sobre derechos humanos. Inmediatamente pensé: Qué mejor que tratar esta temática complicada a través de cuentos (mi querida Literatura Infantil). El dossier fue editado en 2010 por el Instituto de Derechos Humanos de Cataluña, y consta de 30 cuentos, cada uno de ellos en relación con los derechos humanos, tanto en catalán como en castellano. Después de leerlos, era difícil por decantarme por alguno, pero lo hice por el número 22, «Els somnis de la Laia» (Los sueños de Laia), y será porque sus autores han sido niños de 5ª y 6ª curso del Colegio de Educación Infantil y Primaria Pau Vila (2008/2009)

El relato está relacionado con el Artículo 22 que dice: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Me he tomado el atrevimiento de realizar la traducción al castellano, para que esté al alcance de todos los docentes que quieran trabajar este cuento. Y empieza con…

Había una vez una niña de siete años que se llamaba Laia. Laia nació con un problema en el sistema nervioso que hacía que no pudiera caminar, y por tanto, tenía que ir en silla de ruedas. El piso donde vivía sin embargo, era muy viejo y pequeño. No había ascensor, y esto hacía que no pudiera salir mucho de  su casa  y faltaba mucho a  la escuela. Su madre estaba muy triste porque no podía ir a clase todos los días, salir a pasear, ir de compras El hermano de Laia, llamado Pol y que tenía 18 años, era quien le ayudaba a subir y bajar las escaleras y también llevaba la silla que pesaba mucho. A veces él también faltaba a  clase porque la madre tenía que salir y no podían dejar a la niña sola en casa. En casa, Laia se dedicaba a leer libros de aventuras porque le gustaban mucho. También veía la tele, dibujos animados y algunos documentales de la naturaleza, de animales, de montañas y países lejanos ...De mayor quería ser ... una exploradora!

Un buen día, la gente del barrio, que sentía mucha pena por la niña y por su familia, decidieron recoger muchas firmas para llevarlas a la “Generalitat”  y conseguir que le pusieran un ascensor en el edificio y que le ayudaran en un par más de cosas, como una silla de ruedas automática, un transporte especial para ir de colonias o  a los cumpleaños de sus amigos ...

En el barrio participó mucha gente, y se consiguieron muchas firmas, unas doscientas. Firmó la asociación de vecinos, la florista, el quiosquero, el panadero, los padres de los amigos de la escuela, el AMPA, el pastelero ... e incluso un par de famosos que vivían antes en el barrio.

Entonces, llevaron las firmas a la “Generalitat” y allí se lo pensaron mucho y mucho… pero, con la ayuda de la alcaldesa de la ciudad, al final Laia y sus vecinos tuvieron el ascensor, y para ella, un transporte para ir a los lugares donde quería. O sea, que a partir de ese día, pudo ir a ver los bosques con sus árboles, a visitar el zoo, de excursión con sus compañeros, en el acuario, en el campo del “Barça” en conocer a sus ídolos, en Valencia a ver el Museo de las Artes y las Ciencias ...  Y cuando fue grande, fue a África, a ayudar a los niños y niñas que tenían su mismo problema. Porque todos los niños tienen derecho a disfrutar de su infancia.

Posibles actividades:

-Recordar personajes: nombres, emociones, características físicas.

-Dibujar el cuento, o lo que más nos ha gustado.

-Ubicar en un mapa ciudades, países o continentes mencionados: Barcelona, Valencia; África.

-Indagar qué es la solidaridad: ¿Qué podemos hacer en estas fechas para ser solidarios? (Por ejemplo: Acondicionar juguetes que ya no usamos para llevar a sitios de recogida.)

Aprovechando que el próximo 21/12, recordaremos también los Derechos de la Infancia, mi próximo post tratará sobre este tema; compartiré  otro documento reciente sobre esto y muchas propuestas para llevar al aula. Ya sabéis que siempre me hago eco de las palabras de Stenhouse: «La teoría se revive a la luz de la práctica y la práctica a la luz de la teoría». Así es que, querid@s lector@s, nos vemos en el próximo post, para seguir repensando sobre nuestros niños, niñas, jóvenes y sus derechos. Hasta entonces podemos colaborar en el día a día en nuestras clases, con gestos simples como palabras afectuosas, porque tienen derecho no solo a recibir educación, sino a que esta sea la «educación de los afectos». Pongamos nuestra dosis de humanidad en una sociedad que, por momentos, me parece alejada de la verdadera defensa de estos derechos.

 

Imagen de  portada http://www.notimx.com/wp-content/uploads/2013/12/Cuales-son-los-derechos-humanos.jpg

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